

Betxí se encuentra en la comarca de la Plana Baixa, a unos 102 metros sobre el nivel del mar, en un paisaje llano dominado por los campos de naranjos, la huerta y algunos cultivos de secano. Disfruta de un clima templado, con veranos cálidos e inviernos suaves, ideal para recorrer el municipio en cualquier estación.
El corazón de la villa es la Plaça Major, donde se levanta el ayuntamiento y, frente a él, el Palau-Castell, el edificio más emblemático de Betxí. Su patio renacentista y su nave romana con bóveda de cañón marcan el origen del núcleo urbano. En la plaça de l'Església se alza la iglesia de la Mare de Déu dels Àngels, del siglo XVII, y en la zona norte se encuentra la ermita del Calvari, del siglo XVIII, un ejemplo poco habitual de calvario construido en terreno llano.
La presencia humana en el término se remonta a la Edad del Bronce. En época íbera, a partir del siglo IV a. C., surgieron los poblados de Conena, els Castellets, el Solaig y Sant Antoni, de donde proceden piezas tan valiosas como el plomo escrito del Solaig o el bronce de Sant Antoni. Con la romanización la población bajó al llano, como muestran los restos de la Torrassa y la Bassa Seca, y tras la conquista cristiana de 1233 la comunidad musulmana mantuvo una gran pujanza económica.
Hoy Betxí vive principalmente del cultivo, la manipulación y el comercio de cítricos, junto a la industria cerámica, la fabricación de cartón y envases y los servicios vinculados a estos sectores. Es un destino perfecto para descubrir el patrimonio de la Plana entre naranjos.

El tercer fin de semana de septiembre Betxí celebra sus Festes Majors en honor al Santíssim Crist de la Pietat. El programa reúne actos religiosos y culturales con los festejos taurinos, como los bous al carrer y el bou embolat, bailes y cenas populares, mientras las peñas y los casals llenan de actividad las calles durante toda la fiesta.
