

Viver se sitúa a unos 560 metros de altitud, en un término de 50 kilómetros cuadrados de suelo calizo, con lomas, cañadas, montes y barrancos y pocas tierras llanas. El río Palancia y una densa red de acequias y fuentes refrescan un entorno de clima saludable, a caballo entre el mediterráneo y el de interior, muy apreciado como lugar de veraneo.
El paseo arranca en la plaza Mayor, con su porche y el Ayuntamiento, y sube por la calle del Castillo hasta la iglesia parroquial. Desde allí se puede seguir por la calle de los Huertos, la zona de la calle Carolinas y la calle Serrallo hasta La Rampa. Por el camino aparecen casas señoriales del siglo XVI, restos de la muralla carlista, las casas colgantes, el lavadero de las Eras y fuentes tan queridas como la de la plaza o la del Garrón.
La tradición atribuye su fundación a Marco Porcio Catón en el año 193 a. C. Hacia 1237 fue conquistada por Jaime I y en 1367 recibió carta puebla. Tras pasar por distintas manos fue vendida al Duque de Calabria, que a su muerte la legó al monasterio de San Miguel de los Reyes, señor de la villa hasta la desamortización.
A comienzos del siglo XX vivía por completo de la agricultura; hoy esta es una actividad complementaria y la mayoría de la población trabaja en el comercio, la construcción, pequeñas industrias y los servicios.

Las fiestas patronales de Viver honran a San Miguel Arcángel y a la Virgen de Gracia. Los días 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre se dedican a los actos religiosos en su honor, y a partir del 1 de octubre arranca la semana taurina, con toros embolados, entradas de toros y exhibiciones de ganado vacuno por las calles de la localidad.
