

Vinaròs se extiende por el llano conocido como el Pla de Vinaròs, a orillas del Mediterráneo y a unos 80 kilómetros al norte de Castellón. Sus más de 96 kilómetros cuadrados de término combinan huerta, playas urbanas y pequeñas calas, con un clima templado y suave tanto en invierno como en verano.
El casco antiguo coincide con el centro comercial de la ciudad y se recorre por callejuelas estrechas hasta la iglesia arciprestal de la Asunción, su gran joya artística, con una espectacular portada barroca. El paseo marítimo, la lonja y el puerto pesquero, donde cada tarde se subasta el pescado fresco, completan una visita imprescindible.
En la montaña del Puig se conservan los restos de un poblado íbero fortificado con un singular campo de piedras hincadas para frenar a la caballería. Vinaròs recibió carta puebla el 29 de septiembre de 1241 de manos de Ramón de Alós, a quien Jaime I había cedido estas tierras. Amurallada en el siglo XIV, creció en el XVI gracias al comercio marítimo, obtuvo el título de villa en 1540, el de «Muy Noble y Leal» en 1862 y el de ciudad en 1881.
La vid fue su cultivo principal hasta que la filoxera dio paso a algarrobos, olivos, almendros y, más tarde, cítricos. La pesca ha sido siempre uno de sus pilares, junto a la industria del mueble, el comercio y los servicios propios de una capital comarcal.

El Carnaval es la fiesta más viva del año en Vinaròs y está declarado de Interés Turístico Autonómico. Durante una semana, más de treinta comparsas y unas 3.000 personas, encabezadas por el Rey Carnestoltes, llenan las calles de color con trajes y carrozas espectaculares en los grandes desfiles del sábado y el domingo. El programa se completa con actos para todas las edades, como la batalla de harina o la noche del pijama.
